Catalina Mancedo, del Centro de Conservación Aguará, explicó la importancia de la prevención y el conocimiento para evitar encuentros peligrosos con estos animales. "No atacan, son accidentes por falta de precaución", remarcó.
Un niño de 3 años fue mordido por una yarará mientras jugaba en el patio de su casa en una zona rural de Bella Vista. El menor está internado en el Hospital Pediátrico Juan Pablo II, donde evoluciona favorablemente tras recibir el suero antiofídico. Catalina Mancedo, responsable de prensa del Centro de Conservación Aguará, brindó detalles en LT7 sobre cómo actuar y prevenir estos incidentes.
"Las serpientes no atacan porque sí. Los accidentes pasan porque se las pisa o, en el caso de los chicos, se acercan por curiosidad", aclaró Mancedo. Además, destacó que las serpientes muerden, no "pican", ya que carecen de aguijones.
La especialista señaló que la expansión urbana hacia áreas naturales aumenta los encuentros con serpientes. La acumulación de basura atrae a roedores, alimento principal de estos reptiles. También buscan refugio y calor, especialmente en invierno, en montículos de pasto o escombros.
Para evitar riesgos, el Centro Aguará recomienda mantener el pasto corto para tener buena visibilidad, evitar basurales cerca de las casas y no intentar manipular las serpientes si se las ve.
Ante una mordedura, Mancedo insistió en la urgencia de acudir a un centro de salud, incluso si se cree que la serpiente no es venenosa. En Corrientes existen tres especies de importancia médica: yarará, cascabel y coral. Las mordeduras pueden infectarse por restos en la boca del animal, por eso los médicos están capacitados para identificar el tipo de serpiente a partir de los síntomas y aplicar el tratamiento adecuado.
Finalmente, la especialista pidió dejar de lado el miedo infundado y valorar el rol ecológico de estos animales en el control de plagas. "Es nuestra responsabilidad respetarlas y ayudar a su conservación", concluyó en el marco del aniversario del Centro Aguará.
